BogoMusic: febrero 2005

lunes, febrero 28, 2005

Rettig y la Filarmónica

No sé si el poema de los Zapatos Viejos funcione entre un director y su antigua orquesta. Es increible como una semana de trabajo de Francisco Rettig en el podio de la Filarmónica trae buenos recuerdos de un sonido trabajado, serio y de profundo conocimiento y compromiso con la partitura. Sorprendente que aún este sonido salga a relucir sin existir un trabajo continuo y sin tener la orquesta un director principal propiamente nombrado.

El viernes 25 de febrero, ante escaso público, se presentó la Filarmónica en el Auditorio Fabio Lozano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. La primera obra, el Concierto para oboe de Richard Strauss fue interpretada con precisión, compromiso y tremendo dominio técnico por el primer oboe de la orquesta capitalina, el búlgaro Orlín Petrov. Fue interesante escuchar a la orquesta usando a su sección de primeros violines tocando las partes de primeros y segundos violines. Vale la pena resaltar la buena labor de Jaime Moreno en la flauta, quien tuvo varios intercambios con el oboe solista.

El retorno, por enésimo año consecutivo de la Eroica de Beethoven fue triunfal. Dirigiendo de memoria y demostrando un conocimiento pleno de la obra, Francisco Rettig condujo a la orquesta por pasajes que dejaron en claro por qué es una de las grandes obras de la literatura musical, que la Filarmónica puede ser una gran orquesta en casi cualquier programa y que Francisco Rettig es uno de los más grandes directores que Bogotá ha podido tener.

El cuatro y cinco de marzo vuelve a dirigir el chileno en un programa que incluye el Concierto para trombón de Edward Gregson en orquestación del colombiano Fabio Londoño, y la Sinfonía No. 4 de Anton Bruckner, uno de los compositor preferidos de Rettig y que, junto con Mahler, entró al repertorio de la orquesta durante su estancia como titular de la misma. Un concierto que genera espectativa.

jueves, febrero 24, 2005

La Coral Santa Cecilia en la Luis Ángel


Sala de Conciertos Biblioteca Luis Ángel Arango

Inició la temporada de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Como es tradicional, la temporada la abrió un artista colombiano. En esta ocasión una agrupación colombiana, la Coral Santa Cecilia, bajo la dirección de Alejandro Zuleta. De amplia trayectoria, y ganadora del Premio Nacional de Música a la Excelencia Coral en el 2001, la Coral Santa Cecilia se ha distinguido por su difusión del repertorio coral universal y por su constante colaboración con las orquestas Sinfónica y Filarmónica.


El repertorio de este concierto reflejó los objetivos de la Coral y más que nunca señaló por qué la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango es la entidad bandera en el fomento hacia la música. Sólo una entidad con conciencia de su contexto iniciaría su temporada con el Réquiem de Gabriel Fauré. En el programa de mano entregado al público decía "Mientras encontramos el camino de una paz duradera, no tendremos otra opción que llorar y arrullar a nuestros difuntos, perdonar a nuestros agresores y convertirnos, es decir, realizar un profundo cambio en nuestros corazones". Nada más apropiado para un país en guerra y en medio de tantos procesos que buscan la reconciliación.

A nivel musical sería mentira decir que fue una presentación impecable. No significa que haya sido una mala presentación. Por el contrario, creo que tuvo la sobriedad requerida y una calidad musical que muchos en este paí­s desearían tener. Sin embargo me parece prudente señalar un par de cosas. La primera, el concierto duró un poquito más de una hora, lo cual me parece bastante corto si se tiene en cuenta que no hubo intermedio. Además, el orden en que fueron presentadas las obras no sólo eliminó de tajo la expectativa en torno al programa sino que hizo que una pequeña pero importante fracción del público se quedara sin disfrutar el plato fuerte.

El programa empezó veinte minutos tarde con el Réquiem de Faué, continuando con el Cantique de Jean Racine del mismo compositor y cerrando con Gallia de Gounod. Creo que un orden más apropiado, por motivos que ya explicaré, hubiese sido Cantique de Jean Racine, Gallia, intermedio (con tintico y aromática para celebrar el inicio de temporada), y el Réquiem.

Mis razones para decir esto son tres. La primera, que ya expresé, es el orden de expectativa. El programa, para mi gusto, fue como recibir un baby beef, después un postre y finalmente unas picadas. Mi segunda razón es de índole técnico. El no haber tenido un intermedio fue exigente para el coro y esto se notó especialmente en Gallia - el coro estaba cansado y haciendo esfuerzos grandes por transmitir toda la fuerza de la pieza. Un descanso de diez o quince minutos le hubiera dado un aire al coro. Finalmente, mi tercera razón tiene que ver con los solistas o, más bien, la solista, la soprano Ana María Villamizar. Aunque tomó un merecido descanso entre el Réquiem y la última obra, creo que un tiempito más no hubiera venido mal.

Finalmente, debo destacar la intervención de dos jóvenes artistas. El barítono Camilo Mendoza y el pianista Eduardo Rojas. A pesar de su juventud, los dos han participado ya en importantes montajes. Quiero destacar su actuación en esta ocasión en particular porque ya los había escuchado y no en sus mejores momentos. A Camilo Mendoza lo había escuchado interpretar a Papageno en la producción de La flauta mágica de la Ópera de Colombia. Me pareció entonces que no era el momento en su carrera para enfrentar tan difícil y amado papel. Aunque en el Réquiem su color fue algo oscuro y su voz algo pesada para una obra tan ligera, especialmente cuando el acompañamiento no era orquestal, pude ver por qué fue seleccionado para interpretar papeles con la ópera. Sí hay una voz con talento ahí. Importante es dejarla crecer con los sacrificios necesarios de la dura vida artística.

Igual comentario haría yo sobre el pianista Eduardo Rojas a quien ya había escuchado en un par de ocasiones con la Orquesta Filarmónica interpretando el Concierto Emperador de Beethoven y el Concierto No. 1 de Tchaikovsky. Ambas veces me pareció que aunque era obvio su talento, no estaba listo para actuar con la orquesta más importante del paí­s como solista. El Beethoven me pareció muy pesado y el Tchaikovsky tuvo múltiples errores de interpretación, dinámicas y fraseo. Anoche, sin embargo, me pareció que en esta etapa de su desarrollo artístico y bajo la dirección de una persona como Alejandro Zuleta, produjo un acompañamiento bastante sobrio, que apoyó la interpretación que le dio el director a la obra y que respetó el tamaño del coro y de la sala. No estaría mal que Eduardo explorara una carrera como pianista acompañante, figura que poco abunda en nuestro medio.

Un último comentario porque o si no se me queman los dedos. Valdría la pena que la Luis Ángel Arango, las facultades de música o algún ser caritativo gestionara con la Alianza Francesa unos talleres de dicción y pronunciación en francés para cantantes. En las notas del programa decía que San Agustín se quejaba porque la belleza de la música religiosa lo distraía del texto sagrado. En mi caso, la muy castellana pronunciación del francés del Cantique de Jean Racine me distrajo de la música. Son pequeños detalles que hacen que una experiencia musical sea perfecta.

Me dicen por ahí que la temporada de conciertos va a estar bastante agitada. Felicitaciones a Stella de Páramo por darnos un nuevo año de excelente programación y gracias a la Coral Santa Cecilia por recordarnos que sin necesidad de hacer populismo la música puede tener un significado en una sociedad como la nuestra.

miércoles, febrero 23, 2005

Este fin de semana


Francisco Rettig
Este fin de semana tenemos la oportunidad de escuchar dos conciertos de la Filarmónica y de la Sinfónica. Vuelve Francisco Rettig al podio de la Filarmónica con un programa distinto al anunciado hace unas semanas. Nos habían prometido Bruckner pero parece que otra vez será. Tocará la orquesta el concierto para oboe de Richard Strauss en interpretación de Orlín Petrov, oboista principal de la orquesta y frecuente solista con la misma. De plato fuerte, podremos escuchar la Sinfonía no. 3 "Eroica" de Beethoven (¿cuándo será que volvemos a escuchar la sexta por estos lares?).
Por el lado de la Sinfónica, el programa es clásico en su integridad. La Obertura de La urraca ladrona de Rossini, el Concierto para clarinete K622 de Mozart, y la Sinfonía No. 1 en do menor, Op. 68 de Brahms que la ciudad pudo escuchar en interpretación de la Filarmónica hace quince días.
Ya veremos cómo nos va de fin de semana. Por ahora les dejo la información.
Orquesta Filarmónica
Boletas: $4000 y $2000 (estudiantes)
Sábado 26 de febrero, 4:00pm - Auditorio León de Greiff
Boletas: $5000 y $2000 (estudiantes de la Universidad Nacional)
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Orquesta Sinfónica - Teatro Colsubsidio
Viernes 25 de febrero, 8:00pm
Sábado 26 de febrero, 8:00pm
Boletas: $15000, 20000, 25000, 30000
Descuentos para afiliados

lunes, febrero 21, 2005

Comienza la temporada de conciertos 2005



Llega febrero y arrancan las entidades culturales a trabajar. La Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia ya inició su temporada en el Teatro Colsubsidio, la Orquesta Filarmónica llegó de una breve gira por Boyacá y ya dio un par de conciertos, y este miércoles inicia su temporada la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

Por cuestiones de salud sólo he podido asistir al concierto del viernes 18 de febrero de la Orquesta Filarmónica en el Auditorio Fabio Lozano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Para empezar toca decir que el programa demostró lo mal diseñado que quedó el auditorio si se tiene en cuenta que fue diseñado para presentar conciertos de orquestas sinfónicas. Para poder caber, la primera fila de sillas tuvo que ser retirada, pero no hubiera venido mal retirar un par más. Así­ mismo, hubiera sido preferible dejar el balcón detrás del escenario para el coro que cantó en la primera obra, pues casi no tenían como respirar sobre el apretujado espacio que quedaba entre el piano y la pared. Es sorprendente que aún nadie se haya atrevido a hacer una crítica evaluación de este nuevo espacio. ¿Es realmente una joya de la arquitectura o un verdadero cúmulo de errores? Para empezar, antes de diseñar no hubiera sobrado una visitica al escenario del Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional. Por lo menos se tendría el escenario necesario para presentar a cualquiera de las dos orquestas que tiene la capital.

Pero bueno... a la música. La primera obra, All Things Shining... del compositor colombiano Fernando Rincón desilusionó a más de uno y OJO, no por la obra sino por... a) la lánguida interpretación que le dio Irwin Hoffman y b) porque la gente que colmó el auditorio (se sobrevendió la boletería y más de uno estaba molesto) estaba ahí para escuchar al pianista polaco Janusz Olejniczak. A la mitad de la obra el público ya estaba cansado y no podía esperar a que movieran el piano hacia la mitad del escenario. Un error realmente de programación. El único logro con este público, mucho del cual conoció el Auditorio y la música del compositor por primera vez, fue desanimarlo a escuchar obras contemporáneas. Realmente, fue una dosis mal dada, repito, no por la obra sino por lo que con ella hizo la orquesta.

Pasamos pues al plato fuerte, el Concierto para piano No. 1 de Prokofiev. Poco se puede decir sobre la interpretación del solista, excepto que gracias a sus tres bises el público pudo apreciar sus cualidades interpretativas. Irwin Hoffman cayó sobre el pianista como Thor usando una orquesta a manera de martillo. ¡Es que no se pudo apreciar nada con el volumen aplastante con que tocó la Orquesta!

Debo admitir que hasta ahí llegó mi visita al concierto. No tuve muchas ganas de quedarme a apreciar la Sinfonía No. 3 "Órgano" de Saint-Saëns, la cual en esta ocasión seguramente fue rebautizada como la Sinfonía "Clavinova". En serio, ¿cuándo será que Bogotá podrá disfrutar de esta gran sinfonía, de Zarathustra y ni hablar de la Octava de Mahler como debe ser?

Este fin de semana viene Francisco Rettig a dirigir la Filarmónica. Podremos disfrutar, como por sexto año consecutivo de la Eroica de Beethoven -gracias a Dios, ¡qué tal que este año no la tocaran! Yo por lo menos espero que mi experiencia del fin de semana pasado haya sido una excepción y que a medida que pasa el año la vida musical de esta inmensa ciudad nos enriquezca y produzca orgullo por nuestra capital. Próxima parada: el comienzo de temporada de la Luis Ángel Arango con la Coral Santa Cecilia bajo la dirección de Alejandro Zuleta. ¡Que la Santa nos bendiga en lo que falta del 2005!