BogoMusic

domingo, mayo 22, 2016

De paso por Sao Paulo

La OSESP bajo la dirección de James Gaffigan en la Sala Sao Paulo el pasado 5 de mayo de 2016

Estuve de vacaciones en Sao Paulo, Brasil donde pude asistir a un concierto de la Orquesta Sinfónica de Sao Paulo (OSESP) y no resisto las ganas de escribir al respecto. Mi principal motivación –lo confieso- fue haber asistido al concierto en la Sala Sao Paulo, la casa de la orquesta. La sala fue inaugurada en 1999 aunque el edificio data de comienzos del siglo XX cuando operaba como oficinas para una compañía de transporte ferroviario.

La sala es magnífica. Por dentro tiene una forma rectangular que me recuerda a Symphony Hall en Boston. Su acústica privilegia la claridad del sonido pero permite también la mezcla del mismo, lo cual aporta una calidez sonora pero al tiempo una  inteligibilidad muy alta del lenguaje musical. Es evidente que la sala tiene elementos de diseño acústico. En su techo tiene páneles ajustables en altura. Para este concierto los páneles estaban graduados de manera que el sonido se proyectara hacia la parte de atrás de la sala y de manera que los componentes originales de la arquitectura de la sala (unos filos de unas columnas, entro otros) no reflejaran ondas sonoras. Encima de los páneles hay unas barreras en algún tipo de tela que ayudan a apagar la expansión de las ondas sonoras por el espacio vacío del techo. Estos elementos –asumo- hacen que la acústica sea menos ‘catedralicia’.

La Sala Sao Paulo no está ubicada en el lugar más amable de la ciudad. Está ubicada en el centro al lado de lo que los paulistas hoy día llaman Crackolandia. Como su nombre lo indica, Crackolandia viene a ser un lugar en donde hay una gran cantidad de drogadictos que pueden ser muy intimidantes para los asistentes a la sala. Esto, sin embargo, no le restó asistencia al concierto y, según me indican, no es un elemento que esté generando mayor desánimo dentro del público. Claro, muchos asisten en automóviles particular, taxis o Uber y a la salida hay una fila de taxis disponible para el público. Pero la realidad es que la sala está ubicada en un lugar que debería tener una mayor atención en cuanto a servicios sociales por parte de la ciudad – el deterioro físico del espacio y el malestar social son evidentes. Digo esto porque me sorprende que el público igual haya asistido a la sala a un programa como el que escuché – un programa más bien poco atractivo en contenidos.

Creo que la asistencia del público a la sala se debe a una combinación de factores: a la OSESP, una orquesta que suena bien (no voy a decir que es la mejor orquesta que he escuchado ni a negar que en el concierto del jueves pasado hubo algunas fallas en solos y en ensamble) y a la sala por su comodidad y por lo que claramente le permite a los músicos de la orquesta y a su dirección artística. Una sala como la Sala Sao Paulo permite trabajar y construir un sonido. Yo me imagino que a un oboísta le permite ir desarrollando su sonido, saber que cuando usa cierta presión de aire el director siempre le pide que reduzca un poco la intensidad o que se puede dar el lujo de abordar un pianissimo desde un nivel de delicadeza mayor. Es decir, la calidad de la sala genera la posibilidad de un resultado artístico que día tras día puede ir mejorando y retroalimentándose y esto, desde luego, incide en la experiencia del público.

Estas reflexiones me han hecho pensar acerca del tan anhelado proyecto de que la Orquesta Filarmónica de Bogotá – una orquesta que en 2017 cumplirá 50 años- cuente con un espacio propio para la realización de sus conciertos. ¡Qué necesario es! Y qué necesario es que ese espacio no se piense solamente como un lugar para la Filarmónica sino para la música sinfónica en general. La Orquesta Sinfónica Nacional tampoco cuenta con un espacio así y tampoco lo tienen Batuta o las orquestas internacionales que han empezado a visitar Bogotá. Es algo absurdo que la inversión pública que lleva haciendo la ciudad en su orquesta durante tantos años no le haya dado cabida a brindarle un espacio propio para poder adelantar su objetivo misional. Ojalá los proyectos que estaban siendo adelantados se retomen, se evalúen, se modifiquen si es necesario pero que se hagan – la ciudad se lo merece, la Filarmónica se lo merece y la música sinfónica lo requiere.

Volviendo a Sao Paulo, el programa consistió en un “programa-sánduche”: Rossini-Schubert-Schubert-Verdi (Obertura de Il signor BruschinoSinfonía No. 3 – Entreacto de Rosamunda – Música de ballet de Macbeth o, visto de otra forma, ópera - Schubert x 2 - ópera). Las interpretaciones fueron buenas, algunos solistas se destacaron más que otros y quizás lo único a criticar fue la desigualdad en el tempo de la música de Verdi – la obra se sintió subensayada y al observar el trabajo de James Gaffigan en el podio tuve la sensación de que le estaba costando mantener las cosas bajo control. Al final el público salió contento y aplaudió y aplaudió un programa que no era muy interesante para empezar pero que me permitió escuchar a la OSESP, conocer la Sala Sao Paulo y reflexionar acerca de lo mucho que anhelo que en Bogotá podamos tener un espacio dedicado exclusivamente a la música sinfónica.

P.D.

Y, por si acaso, si llega a haber una sala para la Filarmónica de Bogotá, que no se les olvide que importantes obras del repertorio sinfónico y de periodos históricos relevantes requieren de un órgano de concierto. Si la Catedral Primada de Bogotá pudo estrenar órgano, ¿por qué no una sala dedicada al disfrute y celebración de la música?

jueves, noviembre 26, 2015

Un poco tarde pero... Desde FOCUS en París

El HOPE Ensemble actuando en FOCUS.

Nota importante: debí haber publicado esta columna en junio de 2015. Perdón por la demora.


Estoy empezando a escribir esta columna desde París donde estoy asistiendo a Focus. El evento, organizado por el Institut français alrededor de Momentum, un festival de música contemporánea organizado por el IRCAM, ha procurado reunir en la capital francesa a varios presentadores de música contemporánea. Estamos presentes directores de salas de conciertos y, en particular, por tratarse de este género, compositores e intérpretes y gestores que a su vez son directores de festivales de música contemporánea en diferentes rincones del mundo.

Las jornadas han sido intensas pues han incluido tanto presentaciones del sistema de apoyo a la música en Francia, así como presentaciones de proyectos y desarrollos tecnológicos y estéticos de IRCAM, una visita a la nueva Philharmonie, recitales públicos de diferentes ensambles, presentación de proyectos por parte de ensambles, compositores y presentadores franceses, reuniones de negociación directa uno a uno con artistas franceses y, claro, almuerzos, cocteles y reuniones informales.

Para alguien como yo, que vengo de una formación y experiencia marcadamente norteamericana, esta es una visita muy importante. Francia ha sido un foco en el desarrollo de la música a lo largo de la historia quizás con una fuerza incomparable desde que la realeza decidió importar a un italiano rebautizado Jean-Baptiste Lully para que liderara la orquesta de la corte. Son emblemas franceses Berlioz, Debussy, Poulenc y muchos más incluidos no franceses como Chopin y Stravinsky quienes desarrollaron sus carreras en este país. Sin embargo, hay un nombre que en el siglo XX marcó la continuación (casi que la renovación de votos) del apoyo del gobierno francés al desarrollo de la música. De su propio seno, sin necesidad de importarlo esta vez, Pierre Boulez se convirtió en un pensador, compositor, gestor, director e impulsor de la música en su país. Su influencia como artista es sobre todo visible en la creación en los años 60s y 70s del IRCAM -el centro de investigación tecnológico-musical por excelencia- y del Ensemble Intercontemporain, quizás el primer ensamble de música contemporánea en ser financiado por un estado como cuerpo artístico estable.



El apoyo -casi incondicional- a la música contemporánea en Francia es impresionante. Ser compositor en Francia creo que requiere -como en todos lados- cumplir una etapa formativa y una dedicación académica importante. Pero, al contrario de muchos otros países, incluido Colombia, los compositores encuentran en Francia toda una red de programas que les permiten desarrollar una carrera accediendo a comisiones de ensambles nacionales, becas y apoyos que les permiten explorar su creatividad, componer y dar a conocer su trabajo.


Como programador de una sala que presenta desde música medieval hasta jazz y música tradicional de diferentes lugares del mundo, esta visita ha sido importante para reafirmar algunos principios con los que lidero mi trabajo y confirmar que algunas de mis grandes inquietudes profesionales siguen vigentes y que, además, las comparto con algunos colegas de otras latitudes. 


Para empezar, creo que hay una frase expresadas por el director ejecutivo del Ensemble Intercontemporain que da pie para discutir algunas de mis inquietudes. En una charla con el grupo de invitados por el IF, el director dijo que el ensamble (el Intercontemporain) era un ejemplo del éxito de la política de economía de oferta hacia la música contemporánea en Francia. ¿A qué se refería? A que el ensamble es un grupo de empleados del estado que solo interpreta música contemporánea. Tal hecho ha disparado todo tipo de políticas en consonancia y coherencia con este hecho como son los diversos tipos de apoyo a la investigación y a la composición. El perfecto reflejo de esto es el inmenso apoyo que reciben tanto el Intercontemporain como el IRCAM, además de la inmensa red de teatros, agencias y entidades que participan en la inversión pública en música contemporánea afectando a creadores, científicos, intérpretes, ensambles y presentadores.


El Ensemble Intercontemporain al final de su concierto en la Philharmonie.
Una economía de oferta implica que se hace una inversión en la generación de un producto en el que se tiene fe para generar una demanda. Es decir, el Estado francés no está esperando a que haya un referendo que apruebe la inversión de grandes sumas en la generación de nueva música. Esto, creo yo, y he aquí una de mis primeras inquietudes, necesariamente implica que hay una oferta gigantesca que incluye tanto cosas excelentes (como el Intercontemporain) como cosas normales y otras claramente malas - todas con mucho o poco pero algo de apoyo estatal. Lo segundo es que cuando los recursos estatales están tan dirigidos a la creación pues hay que crear un sistema mediante el cual se justifique la inversión en creaciones inexistentes.



A lo largo de estos días hemos escuchado una buena cantidad de música pero, sobre todo, hemos recibido presentaciones de hasta media hora acerca de música que ni siquiera ha sido escrita. Claramente este es el país de la ilustración y de Descartes - las obras se piensan, se financian, se escriben y después existen. Pero esto da pie a una música, que si bien tiene un público asiduo -por lo menos en París que fue donde estuve- en un gran porcentaje suena distante, ajena, hiperpensada, con exceso de intervenciones tecnológicas que tras la audición de cinco obras seguidas empiezan a sonar parecidas e innecesarias. Claro, no son todas las obras y hay varias que hacen un uso muy especial de estos recursos. Pero, insisto, creo que es producto de una política de fomento activo en el que se acepta que para llegar a tener una obra maestra toca pasar por escribir y escuchar muchas otras que en muchos casos no pasarán de una audición.



En medio de esta abundancia de música, proyectos e ideas, hay cosas que salen a flote, se destacan y -de alguna forma- terminan justificando la existencia de un modelo con tanta inversión pública. Puntualmente, debo destacar: 1) la calidad del Ensemble Intercontemporain; 2) la calidad de los egresados del Conservatoire National Sueperieur de la Musique et la Danse que escuchamos en una audición privada; 3) la amplia variedad de ensambles con músicos de todas las edades actuando en todo tipo de formaciones y en todo tipo de escenarios y; 4) la gran asistencia a los eventos de música contemporánea programados. Es decir, sí hay un ensamble insigne que promueve el repertorio y que es un punto de referencia para la calidad en su interpretación, al tiempo que salen músicos egresados que son capaces de abordar el repertorio con altísimos estándares y que pueden ser absorbidos por ensambles existentes o pueden formar sus propios proyectos y, como consecuencia de que hay una fuerte actividad musical, hay un público que asiste y discierne.



El Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de París (CNSMD).
Estoy terminando de escribir esta columna ya habiendo salido de París. Fueron cinco días agotadores, llenos de información en los que pude reencontrarme con colegas, hacer nuevos amigos, conocer más a fondo a los socios franceses con los que he trabajado y, en particular, cinco días para llevarme muchas cosas de regreso a casa: primero, varias propuestas artísticas francesas que vale la pena presentar en Colombia - estoy seguro que poco a poco irán apareciendo en nuestra programación como siempre lo han hecho; y segundo, muchas ideas para tratar de que la sala de conciertos que lidero pueda tener un papel de fomento a la nueva música un poco más activo que el que tiene ahora. Si bien no tenemos el presupuesto del gobierno francés para ello ni es nuestro papel como sala de conciertos impulsar a este sector como si fuéramos un ministerio, sí somos un actor del medio musical que por medio de su programación visibiliza, puede dar espacios para la experimentación y puede inspirar a compositores, intérpretes, a la academia y a otras entidades públicas y privadas a desarrollar programas que le apunten a que el país pueda tener un ambiente propicio para que las nuevas creaciones tengan espacio de desarrollo y crecimiento.


Algunos colegas asistentes a FOCUS.
Le agradezco al Institut français por la organización de Focus y a la Embajada de Francia en Colombia por proponer mi nombre para aprovechar esta oportunidad. Aparte de fortalecer los vínculos de nuestra sala y el país con la actividad cultural francesa, el encuentro con otros colegas internacionales seguramente impulsará el fortalecimiento de redes de colaboración y de flujos de información que redundarán en un mundo con más y mejor música.

jueves, noviembre 13, 2014

Desde Madrid - las Jornadas AEOS


Escribo desde Madrid donde se está llevando a cabo la tercera versión de las Jornadas AEOS, evento organizado por la Fundación BBVA y la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas (AEOS).  No había podido asistir a las anteriores jornadas, realizadas en 2010 y 2012, pero este año, al ver el programa, la verdad es que fue irresistible la tentación de tomar un avión, cruzar el Atlántico y venir a conocer de primera mano lo que están haciendo varios colegas del mundo orquestal para, como muy bien lo dice el título de estas jornadas, abrir puertas.

Las jornadas tienen como propósito reunir a actores del mundo orquestal español para reflexionar de manera conjunta acerca de temas generales que impacten al sector orquestal.  En esta versión de las jornadas el enfoque está en dos líneas gruesas: las iniciativas digitales y en nuevas maneras de llevar las relaciones y comunicaciones al interior de las orquestas.  El día de ayer miércoles 12 de noviembre estuvo dedicado a las iniciativas digitales.  Para ello, las jornadas invitaron a Douglas McLennan, fundador de artsjournal.com a abrir las jornadas con una presentación impecable acerca del impacto que tiene el mundo digital en las organizaciones.  Me parece difícil resumir una presentación tan grande y llena de ideas pero, para efectos prácticos de este blog, lo intentaré.  Si hubo algo que me llevé como idea general es que la tecnología transformó al mundo y transforma, así uno no lo quiera, a las organizaciones.  De esta idea general, acuñada más por mí que por McLennan, sí se desprende la siguiente idea práctica que enmarcó muchos de los puntos de su presentación: al introducir iniciativas tecnológicas en una organización, la cultura organizacional debe cambiar para que éstas funcionen.  La tecnología, como lo resumió el conferencista, conecta, refuerza o intensifica las experiencias y permite hacer pruebas, experimentos y medir los resultados.

A lo largo de su presentación, McLennan hizo énfasis en cómo las relaciones del público con las organizaciones cambian pues la tecnología transforma sus expectativas y sus necesidades.  Y quizás el punto más importante para todos los que trabajamos en este sector en organizaciones que buscan la perfección -un punto que además fue reforzado por otros conferencistas en otras sesiones- es que las organizaciones deben estar dispuestas a fallar.  ¿Para qué?  Para aprender, corregir y avanzar.  Eso sí, deben fallar rápidamente, de manera económica, con frecuencia y aprender constantemente de ello.

Después de este abrebocas gigante, continuó el día con dos bloques de conferencias y discusiones, uno dedicado a empresas y proyectos tecnológicos que han penetrado al mundo de la cultura, en particular al mundo orquestal.  Entre los expositores estaban representantes de Bachtrack.com, medici.tv, Phenicx y Sibhack.  Pero quizás la intervención más intersante de este bloque fue la de David Peralta, un violinista español radicado en Holanda pero también un entusiasta promotor del uso de las redes sociales para conectar a las orquestas con su público y a las orquestas al interior de ellas mismas.  Los puntos que expuso Peralta no son novedosos, ciertamente no en 2014 cuando las redes sociales son ya una presencia permanente en nuestro diario vivir.  Son novedosas en un sector cultural que es más bien conservador, que en Europa -y en España en particular- está sufriendo por los recortes en los presupuestos públicos y que de muy buena fe cree que el solo hecho de ser el sector que mantiene viva la música de los grandes compositores basta para justificarse a sí mismo.  Peralta, creo yo, excede sus expectativas un poco al conferir a las redes sociales el poder de encontrar a través de ellas nueva financiación que supla los recortes hechos en los presupuestos públicos. Sin embargo, creo que está en lo correcto al decir que las redes sociales están teniendo un papel visible y casi que tangible en la formación de un tejido social en torno a la misión de nuestras organizaciones culturales y esa visibilidad sí termina teniendo un impacto en la manera como una orquesta, un teatro o una compañía de danza justifica su existencia y su impacto en la sociedad.

La sesión de la tarde fue quizás la más inspiradora.  Representantes de la Philharmonia Orchestra (Londres), la New World Symphony (Miami) y la Sinfónica de Detroit presentaron sus desarrollos en el mundo digital y hablaron de la manera como éstos se dieron en sus organizaciones y del impacto que han tenido.  Las iniciativas son demasiadas como para incluirlas en esta entrada pero basta con decir que sí las han hecho, que el impacto es tangible y que yo me sentiría orgulloso de haber desarrollado cualquiera de las iniciativas presentadas por ellos - ¡qué impresionantes!  Tengo que resaltar, porque es ciertamente admirable y ayer lo corroboré, lo que está haciendo la Sinfónica de Detroit.  Como muchos sabrán, la orquesta estuvo detenida por una huelga durante muchos meses, producto de negociaciones laborales que generaron terribles consecuencias para la organización.  La orquesta perdió músicos, generó muy mala prensa por los conflictos internos que terminaban en el ojo de los medios y, en fin, pasó a ser una víctima más de la crisis económica de Detroit.  El hecho es que casi de manera inmediata, al salir de la huelga y reiniciar labores, la orquesta decidió emprender una iniciativa digital guiada por un objetivo claro que, de acuerdo con Scott Harrison, vicepresidente de desarrollo y relaciones externas de la orquesta, ha permitido tener un norte a la hora de tomar las decisiones necesarias en esa dirección.  El objetivo de la orquesta es 'ser la orquesta más accesible del planeta'.  Para ello, han desarrollado una estrategia digital que le permite a cualquier persona, en cualquier lugar del mundo, por medio de un computador, ver sus conciertos de manera gratuita.

Hoy continúa la tercera versión de las Jornadas AEOS. Basta decir que el trabajo de desarrollo digital por delante para muchas organizaciones es grandes y que este trabajo requiere inversiones estratégicas tanto humanas como financieras pero que el resultado final es un retorno en visibilidad e impacto en la sociedad - que es para lo que existimos.


miércoles, agosto 13, 2014

Francisco Zumaqué

Francisco Zumaqué - foto del archivo del artista

Los invito a leer mi más reciente entrada en el blog de la sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en la que hablo acerca del concierto que presentamos hoy miércoles 13 de agosto, el cual está dedicado a la obra de cámara del compositor colombiano Francisco Zumaqué.

domingo, junio 22, 2014

¿Para qué hacemos música? Parte 1 - a propósito de la cancelación de la transmisión de The Death of Klinghoffer

John Adams - foto de Deborah O'Grady tomada de la página de IMG Artists
Quizás pocos colombianos lo saben pero esta semana la Metropolitan Opera de Nueva York tomó una decisión lamentable que -de un golpe- nos ha dejado sin la posibilidad de ver en nuestro país la versión escenificada de la ópera The Death of Klinghoffer del compositor norteamericano John Adams.  La producción iba a ser presentada dentro de las transmisiones digitales de varias óperas que anualmente realiza la Metropolitan Opera y que en nuestro país Cine Colombia presenta de manera exitosa.

La decisión de cancelar la tomó Peter Gelb, director ejecutivo del Metropolitan, ante la presión que ejercieron diferentes grupos activistas judíos, en particular la Anti-Defamation League de Nueva York, por considerar que la ópera promueve el antisemitismo.  De acuerdo con lo reportado en el New York Times (ver enlaces al final) el acuerdo al que llegaron Gelb y Abraham H. Foxman de la Liga Anti-Difamación fue que se cancelaría la transmisión radial y en HD pero que se mantendría la presentación de la obra en el teatro.

La ópera, para quienes no la conocen, narra el secuestro por parte de integrantes del Frente por la Liberación Palestina de un crucero italiano, el Achille Lauro, en 1985.  Durante el secuestro, para ejercer presión negociando la liberación de prisioneros palestinos en Israel, los secuestradores asesinan y arrojan por la borda a Leon Klinghoffer, un ciudadano norteamericano quien, por una discapacidad, se movilizaba en silla de ruedas.  Del asesinato de Klinghoffer viene el nombre de la ópera.  La obra ha sido controvertida desde sus inicios pues uno de los elementos dramáticos y el cual quizás le da gran parte de su peso, es que el coro actúa como comentarista a lo largo de la obra y, entre sus papeles, hay tanto un coro de exiliados palestinos como un coro de exiliados judíos.  El coro de exiliados palestinos canta al comienzo...

My father's house was razed [La casa de mi padre fue demolida]
In nineteen forty-eight [En mil novecientos cuarenta y ocho]
When the Israelis passed [Cuando los israelíes pasaron]
Over our street. [Sobre nuestra casa.]
The house was built of stone [La casa estaba hecha de piedra]
With a courtyard inside [Con un patio adentro]
Where on a hot day one [En el que, en un día caluroso, uno]
Could sit in shade [Podía sentarse a la sombra]
Under a tree, and have [Bajo un árbol, y tomar]
A glass of something cool. [Un vaso de algo fresco]
Coolness rose like a wave [La frescura subía como una ola]
From our pure well. [De nuestro pozo]
No-one was turned away... [Nadie era rechazado...]


Aquí pueden escuchar los dos coros...


La controversia en torno a la obra no es nueva.  Desde su estreno ha causado molestia en particular con el público judío, incluyendo los familiares de Klinghoffer quienes consideran que la obra no le rinde honor su trágica y vilmente asesinado Leon.  En 2001, tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, la Sinfónica de Boston canceló la presentación en concierto de los coros de la ópera - el coro se rehusó a cantar pues consideraban que era darle voz y justificar el asesinato de muchos norteamericanos (además, el esposo de una integrante del coro había muerto en los atentados).

Pero lo que acaba de pasar en el Metropolitan tiene dos elementos que considero fundamental compartir: 1. La demostración de incompetencia tan absoluta del Metropolitan al no prever esta reacción en una ciudad con una comunidad judía tan numerosa, tan activa y tan radical y; 2. El mensaje equívoco de que el arte es solo para contemplar, disfrutar y asentir - lo cual lo vuelve tan intrascendente en nuestras vidas como comernos una hamburguesa o ver un episodio de una comedia en televisión.  Esperen mañana mi discusión de estos dos puntos.

Mientras tanto, les dejo algunos artículos acerca de la cancelación.

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miércoles, junio 18, 2014

Lee Hyla (1952-2014)

Lee Hyla - foto de Suzanne Kreiter tomada de la página web del Boston Globe
Paz en la tumba del compositor estadounidense Lee Hyla.

Aquí algunos enlaces...
- Obituario en el New York Times
- Reseña del concierto que el Miller Theater de Columbia University le dedicara en 2002

Escuche aquí obras del compositor...

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viernes, mayo 30, 2014

Bienvenido maestro Golka


Tomasz Golka - foto tomada de www.tomaszgolka.com
Esta noche, en el Auditorio Fabio Lozano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano se estrena como director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional el maestro Tomasz Golka.  Comienza así una nueva etapa para la sinfónica que, tras once años de vida, ha tenido cuatro años de una dirección colegiada con tres directores (Luis Biava, Eduardo Carrizosa y Alejandro Posada), cuatro años de trabajo con el suizo Baldur Brönnimann y periodos de transición entre directores.

El papel de un director titular en una orquesta trasciende la presencia frente a la orquesta dirigiendo. Además de ser el responsable directo de la construcción de la programación, es quien debe decidir qué músicos entran a integrar la planta orquestal - con las consecuencias en el tiempo que esto conlleva.  Es además quien representa, dentro de una organización con distintos frentes, los intereses artísticos de la misma, frente a los intereses financieros, políticos o publicitarios.  Pero, más importante aún, es la cabeza visible de la orquesta, es su líder artístico y el que moldea la relación del ensamble con su comunidad.

Bienvenido maestro Golka. Que su presencia siga construyendo y fortaleciendo a la Sinfónica Nacional, un proyecto joven con muchísimo potencial.

Dónde: Auditorio Fabio Lozano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano
Hora: 7:30 p.m.
Boletas: en Primera Fila

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miércoles, mayo 28, 2014

Buscando nuevos públicos en Cleveland

Foto tomada de la página web de la Orquesta de Cleveland

Una interesante nota del New York Times acerca de las variadas estrategias que está usando la Orquesta de Cleveland para atraer públicos más jóvenes a sus conciertos, fijándose la meta de ser la orquesta con el mayor público joven de Estados Unidos para 2018.

Haga clic aquí

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martes, mayo 27, 2014

Hoy en el blog de la sala de conciertos

Comparto con ustedes mi columna de hoy en el blog de la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango...
http://www.banrepcultural.org/blog/sala-de-conciertos-biblioteca-luis-ngel-arango/m-sica-no-solo-para-escuchar

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Concierto recomendado

Muy invitados a este concierto...

viernes, mayo 23, 2014

Repitis



Hace tres semana vi al Cuarteto Emerson en Alice Tully Hall (ver foto).  Esta noche voy al Teatro Mayor. ¡Qué delicia!

Esta noche con el Cuarteto Emerson

El Cuarteto Emerson - foto tomada de la página web de los artistas
Hoy es viernes y hoy se presenta el Cuarteto Emerson en Bogotá, en el Teatro Mayor.  Tuve la gran fortuna de presentarlos en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango hace tres años con su formación anterior, con David Finckel en el violonchelo.  Esta noche tendremos el placer de escucharlos con su nuevo chelista, Paul Watkins.  Hace unas semanas tuve la oportunidad de escucharlos en Nueva York, en Lincoln Center, interpretando el Cuarteto No. 15 de Shostakovich y La muerte y la doncella de Schubert - ¡qué concierto!  El programa de esta noche incluye obras de Haydn, Britten y Schubert (La muerte y la doncella).  No sé si aún hay boletas - yo ya tengo las mías.  Si todavía hay, corra y compre - allí nos vemos.

Aquí un abrebocas (el disco No. 1, las pistas 5 a la 8 son La muerte y la doncella)...

jueves, mayo 02, 2013

Construir sobre lo construido: a propósito de una crítica a las políticas públicas en música

Una nota antes de entrar en materia
La siguiente columna es una reacción a un escrito de Juan Sebastián Ochoa publicado en Razón Pública el pasado 8 de abril.  Contacté directamente a Razón Pública para buscar que mi texto fuera publicado allí pero el consejo editorial consideró que lo que había enviado era una columna de opinión y no un artículo con el contenido de investigación y de peso académico que exigen de los escritos que allí publican.  En efecto es así.  El siguiente es un escrito de opinión y, aunque en un principio consideré importante que fuera publicado en Razón Pública para que la columna de Ochoa tuviera una respuesta en el mismo medio, la verdad es que no tengo el tiempo necesario para investigar y escribir un artículo con el rigor y la verificación de cifras que requiere un escrito de este tipo.  También contacté a La Silla Vacía, publicación virtual que también me informó que no publicaban columnas de opinión sino artículos que fueran resultado de un proceso de investigación.

Considero que la columna de Ochoa merece una reacción responsable y respetuosa, muy diferente a las que han circulado en diferentes redes sociales y páginas web y por eso acudo a mi abandonado blog para publicar el siguiente texto.  Nuestra sociedad democrática y libre se construye y fortalece por medio del debate y la discusión pero se debilita cuando una diferencia de opiniones se expresa por medio de agresiones, insultos y descalificaciones, que es lo que lamentablemente apareció en varias de las reacciones a la columna de Ochoa.

Conozco personalmente a Juan Sebastián Ochoa y somos amigos.  Pero sin perder el respeto ni la amistad podemos también debatir ideas, entrar en desacuerdos y buscar puntos de encuentro que sirvan como puntos de partida para seguir trabajando en pro de construir una sociedad amante, conocedora y respetuosa de la música como lenguaje que contiene  y representa culturas, saberes, historias, emociones, opiniones y visiones diferentes del mundo.  Escribo esta columna como una manera de contribuir a esa discusión y espero que sirva como un punto de partida para generar espacios de discusión de este tema importante en la generación de políticas públicas en cultura para nuestro país.

Mauricio Peña C.


Construir sobre lo construido: a propósito de una crítica a las políticas públicas en música

Página inicial de la página web del festival Bogotá es Beethoven

Concluyó recientemente el Primer Festival Internacional de Música de Bogotá organizado por el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.  El festival, que contó con artistas nacionales e internacionales y estuvo dedicado en esta primera edición a la obra de Beethoven, expandió el rango de acción del teatro presentando conciertos en diferentes rincones de la ciudad procurando brindar boletería con precios asequibles e inclusive, en algunos casos, boletería gratuita. A todas luces el festival fue un éxito y para ello basta revisar el cubrimiento de la prensa en esos días y ver las cifras de asistencia.  El pasado 8 de abril, el maestro en música y magíster en estudios culturales de la Universidad Javeriana, Juan Sebastián Ochoa, escribió en Razón Pública una columna en la que -en resumen- expresa que este festival es uno de varios ejemplos de una inversión desviada y desbordada de recursos públicos, enfocada en música que sólo disfruta una pequeña fracción del público colombiano y, en particular, en música que no es fruto de este país multicultural.

Una lectura desprevenida puede darle la razón a Ochoa.  La inversión pública en música clásica es bastante alta.  Eso sí, es alta dentro del total de inversión pública hecha en música nada más. Para poner un ejemplo, el presupuesto del Ministerio de Cultura para 2013 asciende a 396 mil millones de pesos, cifra que corresponde al 0,21% del presupuesto general de la nación para 2013 que es de 185.5 billones.[1] Siguiendo con los recursos del Ministerio de Cultura y haciendo un ejercicio sencillo y sin entrar a detallar centavo por centavo, más o menos el presupuesto que el ministerio dedica directamente a proyectos musicales puede llegar a ser de unos 30 mil millones de los cuales 7.500 millones corresponden al Plan Nacional de Música para la Convivencia (PNMC), programa de formación en música que aborda tanto músicas tradicionales como música sinfónica. Seis mil millones corresponden al programa de apoyo a la música sinfónica, léase Orquesta Sinfónica Nacional y otros proyectos sinfónicos a nivel nacional, y el resto del presupuesto a estímulos a la gestión y promoción, así como paquetes de financiación a proyectos por medio de convocatorias y concursos.[2]  En términos porcentuales, entonces, el presupuesto que el gobierno nacional dedica a la música a través del Ministerio de Cultura corresponde más o menos a 0.016% del presupuesto nacional.  Desde luego, esto no incluye una diversidad de apoyos indirectos que impactan también al sector musical.  La Sinfónica Nacional, quizás el ejemplo más claro de lo que Ochoa consideraría un desmedido gasto en música clásica correspondería aproximadamente al 20% del gasto en música pero tan solo al 1,5% del presupuesto total del Ministerio de Cultura y a un lamentable 0.0032% del presupuesto general de la nación.

Un ejercicio similar puede hacerse con el presupuesto distrital, donde la Filarmónica de Bogotá recibió este año 31 mil millones de pesos de presupuesto, correspondientes al 0,23% del presupuesto de la ciudad.[3]  Le va mejor que a la Sinfónica Nacional en términos presupuestales y porcentuales pero para quienes han manejado una orquesta este presupuesto es claramente limitado e insuficiente, especialmente para una orquesta que después de 46 años sigue dependiendo de la generosidad y la calma de la Universidad Nacional para poder realizar sus ensayos y conciertos.  Es cierto que la inversión hecha en estas dos orquestas, para usarlas de ejemplo, no es comparable con la que reciben las demás músicas presentes en el país.  Sin embargo, lo que es curioso del artículo de Ochoa es que su buena intención - que exista más apoyo e inversión para presentar géneros musicales diferentes al clásico - se ve expresada en un planteamiento en el que la solución es quitarle al sector que tiene poco para apoyar a aquel que podría tener.  Según lo que escribe Ochoa, para él es preferible que los niños no vayan a Batuta a tocar violín sino que se unan a centros de formación en charangas, bandas papayeras o estudiantinas.  ¡Como si las dos cosas fueran excluyentes!

Ochoa recalca que Colombia es un país multicultural pero curiosamente su rechazo, censura o descalificación de la música clásica y su financiación con recursos públicos va en contra de esa realidad en la que la multiculturalidad incluye también esas expresiones -quizás provenientes de Europa en algún momento- pero en las que trabajan varios colombianos y de las que disfrutan varios compatriotas que asisten a conciertos de este género musical.  La variedad cultural de nuestro país incluye expresiones tan foráneas como el rock, el hip hop, las rancheras, el tango o el jazz. Según el raciocinio del columnista, cualquier apoyo público a estos géneros estaría también mal orientado. Argumenta también Ochoa que hay expresiones que no tienen ni la visibilidad ni el apoyo que tiene la música clásica en Colombia y que, además, esta música es para unas élites que poco tienen que ver con la Colombia de verdad.  Basta con ver el cubrimiento en medios y la importancia a nivel social con la que cuenta el Festival de la Leyenda Vallenata para ver que la lectura de Ochoa se hace desde un punto de vista limitado.

Esta columna no es el espacio para discutir en detalle las realidades económicas que hacen indispensable la financiación pública de las orquestas sinfónicas en Colombia para asegurar su existencia, continuidad y permanencia.  Pero sí es un espacio para señalar enfáticamente que la solución para tener una política pública enfocada hacia la financiación de las múltiples facetas artísticas, tanto en lo musical como en otros campos estéticos, no es sacarle el ojo al tuerto - al pequeño grupo de orquestas sinfónicas que cada año luchan por sobrevivir con unos recursos insuficientes, por ejemplo.  La discusión debe enfocarse en cómo generar mecanismos de política pública que multipliquen la disponibilidad de recursos para el sector cultural y permitan que más sectores, expresiones, artistas y, por ende, un mayor volumen de público se beneficie de la buena asignación de esta inversión.

Bogotá ha ido trascendiendo y superando -por lo menos a nivel musical- la condición de tener espacios, emisoras y programas que atienden a una inmensa y antipática minoría y poco a poco se ha vuelto una ciudad incluyente, respetuosa y celebradora de las minorías que la habitan, poniendo a disposición sus escenarios para presentar diferentes expresiones artísticas.  El Teatro Mayor, en su corta existencia, ha presentado en Bogotá -además de música clásica- ópera, ballet, danza contemporánea, flamenco, vallenato, un festival dedicado a la cultura china, rock, teatro nacional e internacional y muchas otras cosas, incluyendo el Primer Festival Internacional de Música que acaba de concluir.  Beethoven quizás no sea la figura más representativa para un festival en la ciudad capital de un país multicultural en pleno siglo XXI, pero de ahí a decir que la gestión del teatro está limitada a un público y a un género, cuando es un presentador que también nos ha dado la posibilidad de disfrutar y conocer la ópera Ainadamar de Osvaldo Golijov y escuchar conciertos de Julieta Venegas, Cesaria Evora, Concha Buika, de los Carrangueros, presenciar un festival de música antigua y redescubrir producciones del Teatro La Candelaria, el Teatro Libre y el Colegio del Cuerpo, entre otras cosas, es exagerado, sesgado y falso. El Teatro Mayor no solo ha servido como plataforma de inversión de recursos públicos sino que también se ha convertido en un lugar en el que el sector privado se ha asociado y vinculado a la labor que realiza el teatro (pero también muchas otras entidades culturales de Bogotá y el país) de formar públicos curiosos, críticos, tolerantes de la diferencia, celebratorios de la multiculturalidad y con opiniones propias argumentadas de manera ilustrada; el tipo de ciudadanos que requiere un país con un nivel educativo que deja mucho que desear.  Esta labor de formar públicos no es nada desdeñable y muchas entidades la realizan con verdadero compromiso y seriedad, vinculando en estos procesos a diversidad de artistas en múltiples escenarios, desde diferentes géneros y medios artísticos.

En medio de las limitaciones debemos construir, ser innovadores y creativos.  Críticos también -no se trata de quedarse callado ante la inconformidad- pero es importante respetar los diferentes gustos, celebrar aquellas cosas que funcionan y tratar de que ellas inspiren mejores prácticas y modelos a seguir para así alcanzar el bien común.

Mauricio Peña es el jefe de la sección de artes musicales de la subgerencia cultural del Banco de la República. Es magíster en administración de empresas de la Universidad de los Andes y magíster en administración cultural de la Universidad de Columbia. Realizó su formación musical en música como cantante lírico, aunque sólo realizó un concierto como cantante profesional antes de reorientar su interés hacia la gestión cultural.  Ha sido coordinador artístico de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, coordinador de programas musicales de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deportes y director general de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, entre otras labores. Esta columna refleja su opinión personal como profesional del sector cultural y no representa la posición u opinión del Banco de la República.



[1] Presupuesto general de la nación 2013: http://iart.com.co/mhcp/presupuesto/. Consultado el 28 de abril de 2013.
[2] Presupuesto 2013 del Ministerio de Cultura: http://www.mincultura.gov.co/index.php?idcategoria=51198#. Consultado el 28 de abril de 2013.
[3] Decreto 164 de 2013: http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=52629#54. Consultado el 28 de abril de 2013.

martes, junio 17, 2008

No es una despedida

Es una lástima que haya dejado de escribir, especialmente para aquellos que estábamos silenciosamente pendientes de sus comentarios. ¿Las obligaciones laborales en contra de la crítica? Es cierto que de la crítica musical no viven los seres humanos pero también es cierto nuestro medio está hambriento de su crítica musical.

Si allí termina el blog, faltaría en buen escrito de cierre, a manera de balance, o al menos un epitafio de su pluma para dejarlo morir dignamente.

Anónimo, jue mar 13, 09:00:00 AM 2008


Concuerdo con Anónimo y siento que me haya tomado tres meses poder escribir esta entrada. Para empezar, debo explicar por qué no volví a escribir. Desde agosto del año pasado volví a trabajar activamente en el sector cultural gerenciando los programas de música de la recién creada Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte. Desde enero de este año cambié de rumbo y estoy trabajando en la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia.

En ambos trabajos he tenido el placer de interactuar de nuevo con el sector musical bogotano, reencontrándome con colegas y con grandes retos como siempre los hay en el sector. Gratamente me he encontrado con que mucha gente leía mi blog y extraña mis comentarios. Esto sólo refuerza dos cosas: una, la incidencia del internet en nuestras vidas y el poder o influencia que puede tener alguien detrás de un teclado (qué responsabilidad tan grande la del blogger y qué inconsciente es uno a veces de ello); dos, la ausencia de periodismo y crítica en el medio es real y tiene tintes dramáticos. Cuando un blogger se convierte en lectura obligada de un sector es porque éste no encuentra representación en los medios que deben cubrirlo - ¡qué pesar!

A pesar de encontrarme con lectores ávidos de BogoMusic, la verdad es que este regreso al sector me obliga, no sólo a trabajar muchas horas, lo cual impide que pueda escribir frecuentemente y con calma (en este momento estoy desvelado y no puedo acceder a mi correo corporativo), sino que también me obliga a mantener un nivel de prudencia inmenso y, por qué no, hasta a tragarme enteras ciertas reflexiones – nuestro medio musical es pequeño y muchas veces rencoroso, celoso y despiadado. Es la verdad – no somos del todo profesionales aún. Por ello, considero necesario retirarme y ojalá dejar unas pequeñas reflexiones en torno a lo que es nuestro medio de la música clásica en Bogotá.

En el último año ha habido importantes movimientos en nuestras orquestas – salió de la Filarmónica de Bogotá Eduardo Díazmuñoz. Nunca se supo por qué exactamente aunque parece ser que simplemente la Orquesta está disfrutando la ausencia de un director. En la Sinfónica, mi actual empleador, se acabó la dirección colegiada (una solicitud que habíamos hecho varios desde que había iniciado la orquesta). Por ahora hay un proceso de convocatoria que va avanzando y sobre el cual no elaboraré más allá, excepto por comentar que el método es inusual pero que su implementación puede dejar grandes aprendizajes en la Orquesta.

Pero más allá de esta etapa de importante transición en el liderazgo artístico de las orquestas capitalinas, quizás es importante reflexionar en torno al estado de la música clásica en Bogotá. Y el estado, creo yo, es mixto. Nuestras instituciones, tal vez a excepción de la sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, no son fuertes. Como veletas giran a donde sople el viento y muchas veces, de estar tan oxidadas, ya ni giran sino que apuntan en una sola dirección, así ésta sea errada. A lo que voy es a que no tenemos entidades fuertes que logren un perfecto equilibrio entre la estabilidad administrativa y la fortaleza artística – no tenemos claras expectativas de nuestras entidades porque ellas mismas ni saben qué es lo que quieren hacer.

Y es una lástima porque cada vez hay más músicos en Bogotá que podrían apoyar buenos proyectos en diferentes entidades. No son pocos los proyectos individuales – empiezan a surgir cuartetos medianamente estables, músicos con una interesante proyección como solistas y pequeños espacios alternativos para la música clásica. Sin embargo, no hay estabilidad, no hay un lugar que sirva como referencia para los interesados – un escenario, una revista o siquiera una página web. El mundo de la música clásica en Bogotá, lastimosamente, sigue poblado principalmente por músicos – poco hemos avanzado en llevar el arte a nuevos públicos. Estamos perdiendo la competencia en contra de los múltiplex, los restaurantes, la televisión y los paseos. La música en vivo – especialmente la música clásica - se ha quedado en ser un tema de especialistas.

Como actores del medio esto debe preocuparnos. Sólo nos miramos y escuchamos a nosotros mismos y el “ombliguismo” es lo que acaba con cualquier iniciativa que sea costosa y de difícil acceso. Para poder mantenerse relevante, la música clásica debe recuperar terreno perdido. Esto implica una reflexión en torno al papel que juega en la sociedad, los espacios en los que puede desempeñar este papel (en Estado Unidos y el Reino Unido ya hay conciertos de cuartetos en bares y discotecas), la frecuencia con la que debe circular, el formato y duración de esta circulación y, por qué no, su capacidad para funcionar de manera más utilitaria en una sociedad cada vez más regida por indicadores de impacto.

En resumidas cuentas, el medio musical bogotano existe y cada vez se profesionaliza más pero debe ser más disciplinado, más enfocado en los procesos de desarrollo e impacto en el público, y debe pensar con más creatividad y ganas de producir calidad que con el deseo (de nada sirve querer ser la Filarmónica de Berlín si el presupuesto tiene más parecido con el de una orquesta de provincia en Argentina o Chile).

Como sociedad debemos preocuparnos por nuestras entidades culturales – su desarrollo nos ayuda a construir un mejor entorno para vivir – son motores de la calidad de vida percibida y real. Sin embargo, es difícil exigirle a la sociedad interés, comprensión y hasta apoyo cuando son las entidades las que, por opción propia, han estado alejándose de su misión de impactar al público general para convertirse en proveedores de servicios para la famosa “inmensa minoría” – tan minoría que terminó fuera del aire.

No quiero que esto se convierta en una elegía o en el canto del cisne. Por el contrario, quiero que sea un campanazo, un grito al aire para que entre todos los que creemos en el poder de la música, en su capacidad para mejorar nuestro entorno, hagamos el mayor esfuerzo por mantenerla viva y de crear un contexto que garantice su desarrollo, perfeccionamiento y su impacto en una sociedad ávida de justificación para su existencia. En mi trabajo espero estar contribuyendo a esto y, como el camino es tan largo y espinoso, por eso no he vuelto a escribir y, de hacerlo, será esporádicamente y metiéndome muy por los laditos. Gracias lectores por su interés. Esta página no muere – procuraré alimentarla de vínculos en el menú – un pañito de agua tibia es mejor que el olvido permanente. Nos vemos en conciertos.

jueves, agosto 30, 2007

No he desaparecido

No he desaparecido del mapa. Pido mil disculpas por no haber escrito antes ni haber dado explicación alguna. Empecé un nuevo trabajo en el sector cultural, lo cual tiene dos implicaciones para BogoMusic...

1. Estoy tan ocupado que realmente no tengo tiempo de escribir con regularidad y,
2. Mi trabajo implica que debo ser muy prudente con mis comentarios ya que estoy en una posición que requiere mesura, equidad e imparcialidad.

En la medida de lo posible volveré a escribir.

jueves, mayo 24, 2007

Un nuevo director


Un divertido artículo acerca de la incursión del presidente George W. Bush en el campo de la dirección orquestal, cuando desplazó del podio a JoAnn Falletta, directora de la Filarmónica de Buffalo (NY).
Esperen en próximos días una discusión acerca de la discriminación en las orquestas y las audiciones y los criterios de admisión a ser miembro de una orquesta.