BogoMusic: junio 2008

martes, junio 17, 2008

No es una despedida

Es una lástima que haya dejado de escribir, especialmente para aquellos que estábamos silenciosamente pendientes de sus comentarios. ¿Las obligaciones laborales en contra de la crítica? Es cierto que de la crítica musical no viven los seres humanos pero también es cierto nuestro medio está hambriento de su crítica musical.

Si allí termina el blog, faltaría en buen escrito de cierre, a manera de balance, o al menos un epitafio de su pluma para dejarlo morir dignamente.

Anónimo, jue mar 13, 09:00:00 AM 2008


Concuerdo con Anónimo y siento que me haya tomado tres meses poder escribir esta entrada. Para empezar, debo explicar por qué no volví a escribir. Desde agosto del año pasado volví a trabajar activamente en el sector cultural gerenciando los programas de música de la recién creada Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte. Desde enero de este año cambié de rumbo y estoy trabajando en la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia.

En ambos trabajos he tenido el placer de interactuar de nuevo con el sector musical bogotano, reencontrándome con colegas y con grandes retos como siempre los hay en el sector. Gratamente me he encontrado con que mucha gente leía mi blog y extraña mis comentarios. Esto sólo refuerza dos cosas: una, la incidencia del internet en nuestras vidas y el poder o influencia que puede tener alguien detrás de un teclado (qué responsabilidad tan grande la del blogger y qué inconsciente es uno a veces de ello); dos, la ausencia de periodismo y crítica en el medio es real y tiene tintes dramáticos. Cuando un blogger se convierte en lectura obligada de un sector es porque éste no encuentra representación en los medios que deben cubrirlo - ¡qué pesar!

A pesar de encontrarme con lectores ávidos de BogoMusic, la verdad es que este regreso al sector me obliga, no sólo a trabajar muchas horas, lo cual impide que pueda escribir frecuentemente y con calma (en este momento estoy desvelado y no puedo acceder a mi correo corporativo), sino que también me obliga a mantener un nivel de prudencia inmenso y, por qué no, hasta a tragarme enteras ciertas reflexiones – nuestro medio musical es pequeño y muchas veces rencoroso, celoso y despiadado. Es la verdad – no somos del todo profesionales aún. Por ello, considero necesario retirarme y ojalá dejar unas pequeñas reflexiones en torno a lo que es nuestro medio de la música clásica en Bogotá.

En el último año ha habido importantes movimientos en nuestras orquestas – salió de la Filarmónica de Bogotá Eduardo Díazmuñoz. Nunca se supo por qué exactamente aunque parece ser que simplemente la Orquesta está disfrutando la ausencia de un director. En la Sinfónica, mi actual empleador, se acabó la dirección colegiada (una solicitud que habíamos hecho varios desde que había iniciado la orquesta). Por ahora hay un proceso de convocatoria que va avanzando y sobre el cual no elaboraré más allá, excepto por comentar que el método es inusual pero que su implementación puede dejar grandes aprendizajes en la Orquesta.

Pero más allá de esta etapa de importante transición en el liderazgo artístico de las orquestas capitalinas, quizás es importante reflexionar en torno al estado de la música clásica en Bogotá. Y el estado, creo yo, es mixto. Nuestras instituciones, tal vez a excepción de la sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, no son fuertes. Como veletas giran a donde sople el viento y muchas veces, de estar tan oxidadas, ya ni giran sino que apuntan en una sola dirección, así ésta sea errada. A lo que voy es a que no tenemos entidades fuertes que logren un perfecto equilibrio entre la estabilidad administrativa y la fortaleza artística – no tenemos claras expectativas de nuestras entidades porque ellas mismas ni saben qué es lo que quieren hacer.

Y es una lástima porque cada vez hay más músicos en Bogotá que podrían apoyar buenos proyectos en diferentes entidades. No son pocos los proyectos individuales – empiezan a surgir cuartetos medianamente estables, músicos con una interesante proyección como solistas y pequeños espacios alternativos para la música clásica. Sin embargo, no hay estabilidad, no hay un lugar que sirva como referencia para los interesados – un escenario, una revista o siquiera una página web. El mundo de la música clásica en Bogotá, lastimosamente, sigue poblado principalmente por músicos – poco hemos avanzado en llevar el arte a nuevos públicos. Estamos perdiendo la competencia en contra de los múltiplex, los restaurantes, la televisión y los paseos. La música en vivo – especialmente la música clásica - se ha quedado en ser un tema de especialistas.

Como actores del medio esto debe preocuparnos. Sólo nos miramos y escuchamos a nosotros mismos y el “ombliguismo” es lo que acaba con cualquier iniciativa que sea costosa y de difícil acceso. Para poder mantenerse relevante, la música clásica debe recuperar terreno perdido. Esto implica una reflexión en torno al papel que juega en la sociedad, los espacios en los que puede desempeñar este papel (en Estado Unidos y el Reino Unido ya hay conciertos de cuartetos en bares y discotecas), la frecuencia con la que debe circular, el formato y duración de esta circulación y, por qué no, su capacidad para funcionar de manera más utilitaria en una sociedad cada vez más regida por indicadores de impacto.

En resumidas cuentas, el medio musical bogotano existe y cada vez se profesionaliza más pero debe ser más disciplinado, más enfocado en los procesos de desarrollo e impacto en el público, y debe pensar con más creatividad y ganas de producir calidad que con el deseo (de nada sirve querer ser la Filarmónica de Berlín si el presupuesto tiene más parecido con el de una orquesta de provincia en Argentina o Chile).

Como sociedad debemos preocuparnos por nuestras entidades culturales – su desarrollo nos ayuda a construir un mejor entorno para vivir – son motores de la calidad de vida percibida y real. Sin embargo, es difícil exigirle a la sociedad interés, comprensión y hasta apoyo cuando son las entidades las que, por opción propia, han estado alejándose de su misión de impactar al público general para convertirse en proveedores de servicios para la famosa “inmensa minoría” – tan minoría que terminó fuera del aire.

No quiero que esto se convierta en una elegía o en el canto del cisne. Por el contrario, quiero que sea un campanazo, un grito al aire para que entre todos los que creemos en el poder de la música, en su capacidad para mejorar nuestro entorno, hagamos el mayor esfuerzo por mantenerla viva y de crear un contexto que garantice su desarrollo, perfeccionamiento y su impacto en una sociedad ávida de justificación para su existencia. En mi trabajo espero estar contribuyendo a esto y, como el camino es tan largo y espinoso, por eso no he vuelto a escribir y, de hacerlo, será esporádicamente y metiéndome muy por los laditos. Gracias lectores por su interés. Esta página no muere – procuraré alimentarla de vínculos en el menú – un pañito de agua tibia es mejor que el olvido permanente. Nos vemos en conciertos.