BogoMusic: febrero 2007

martes, febrero 27, 2007

Columnas sobre los 40 años de la OFB


Dos columnas han sido publicadas en El Tiempo felicitando a la Orquesta Filarmónica de Bogotá por los 40 años que cumple este año. Sólo una de ellas señala los radicales cambios que enfrenta la orquesta ahora que es responsable de todos los porgramas de música y danza del Distrito. Si bien estos cambios son una gran oportunidad también son territorio virgen para una entidad tradicionalmente pequeña, que nunca ha administrado su propio escenario y que ahora enfrenta la responsabilidad de organizar eventos como Rock al Parque. ¿Cómo se hará este difícil ajuste? No es claro aún. Queda un año de administración Garzón para implementar esta importante transición. Ojalá todo salga bien.

lunes, febrero 26, 2007

Fraude musical

En 1990 la gran noticia en la prensa musical era el engaño con que el dueto de Milli Vanilli había logrado ganar un Grammy y vender millones de discos a nivel mundial: ¡los dos integrantes no eran quienes cantaban, ni en el disco ni en los conciertos! El 2007 tiene ya una inverosímil noticia que ha generado hata una columna de opinión en el New York Times. La noticia es el descubrimiento de que Joyce Hatto, pianista inglesa que murió en junio del año pasado no es quien realmente toca el piano en varias de sus grabaciones.

La noticia ya se conoce en internet como el Hatto-gate y, dado que fue descubierto gracias a que el iTunes de un aficionado identificó un disco de Hatto como uno de Laszlo Simon, pone de relieve lo difícil que es para el oído humano distinguir las sutilezas entre piezas con ligeras alteraciones. Este incidente provoca además una delicada pregunta: ¿hasta qué punto vale la pena seguir grabando y vendiendo grabaciones de obras de las cuales ya hay múltiples -y muy buenas- interpretaciones?

- Artículo del NY Times
- Columna en el NY Times
- Más Joyce Hatto
- Comparación de las grabaciones originales con las de Hatto

Actualización 6:36pm...
¡EXTRA! La confesión del marido de Hatto.

viernes, febrero 16, 2007

Los programas de mano

Hace unos días estuve en el Teatro Colón en una presentación de pas de deux y pas de trois ejecutados por bailarines del cuerpo estable de ballet del Teatro Colón de Buenos Aires. Las boletas no eran baratas –tampoco eran demasiado caras– pero me sorprendió lo malo que fue el programa de mano dado el precio del evento. El programa se limitó a decir qué iban a bailar, en qué orden, y quiénes eran los compositores de las obras; nada más.

Un programa de mano es la fuente de información para el público asistente a un evento. El público no es homogéneo. Hay verdaderos conocedores de las obras o género que se van a presentar, hay neófitos que por primera vez pisan un teatro, y hay amantes de la cultura que saben “comportarse” en un teatro pero quieren aprender más, por nombrar tan solo tres posibles perfiles. Esto significa que, por poner el ejemplo del ballet de Buenos Aires, habrá dentro del público quienes sepan qué es un pas de deux, quienes no sepan qué es un ballet, quienes sepan qué es un ‘cuerpo estable’, quienes no sepan qué es el Colón de Buenos Aires, y hasta quienes fueron obligados y tienen una resistencia bárbara al evento en general.

Usando el ejemplo del ballet de Buenos Aires se puede establecer, a grandes rasgos, qué puede incluir un programa de mano. Para empezar, lo más elemental – el programa; qué va primero y qué va después. Sin embargo, el programa es algo más que títulos. Son compositores, fechas de composición, fechas de estreno, historia del desarrollo de la obra, entre otras cosas. De igual manera, el programa es interpretado por artistas. Quisiera uno saber quiénes son esos artistas, qué trayectoria tienen, qué logros han alcanzado y en dónde estudiaron. En el caso del ballet de Buenos Aires, quisiera uno saber qué es la compañía, hace cuánto nació, quién la dirige, qué hace, qué éxitos ha tenido. De igual manera, quisiera uno saber qué es el escenario/teatro en el que está, por qué es importante, de quién depende y qué más ofrece. Estos son unos pocos ejemplos de lo mucho que puede uno proporcionar en un programa de mano. No todo lo va a leer todo el mundo. Pero para alguien puede ser mucho más cautivante saber qué es El corsario que ver un pas de deux fuera de contexto en un escenario con artistas desconocidos.

El programa de mano del espectáculo en cuestión era tan inocuo, que hubiese sido más barato e igual de efectivo proyectar los títulos de las piezas tal y como se proyectan los supertítulos en las óperas. Los espectadores de eventos culturales –algunos por los menos– buscamos conocer más, compenetrarnos con el espectáculo que vamos a presenciar. Ir a un teatro o auditorio debe ser una ‘experiencia’ y no el resultado de una transacción económica en donde, una vez pagada la boleta, el espectador se las debe arreglar por sí solo para tratar de sacarle provecho a la velada.

jueves, febrero 08, 2007

El nuevo CD

Pensaba escribir el domingo pero acabo de leerme una fascinante columna. Según el autor el aparatico que aparece aquí, el famoso iPod, será la nueva manera de distribuir música de manera física. El iPod edición The Beatles, el iPod vendiéndose a la salida de los conciertos de un grupo, etcétera. ¿Se imaginan, salir de un concierto y encontrar un iPod shuffle con la más reciente grabación del Kronos Quartet y un iPod de mayor capacidad con toda la discografía del cuarteto? ¿Será que la palabra discografía desaparecerá? ¿Cuál es la iPodgrafía de Joshua Bell?

sábado, febrero 03, 2007

Cambios en Pittsburgh. ¿Y en la Sinfónica?

From our three respected conductor colleagues, we have gained a great deal, and our orchestra has remained vibrant, secure and committed to excellence. In taking our time to assess the needs of the PSO, we have concluded that a strong, central leader is important to enhancing the artistic excellence of this orchestra. We have found that leader in Manfred Honeck, and we are exceedingly happy to welcome him.
Larry Tamburri
President and CEO, Pittsburgh Symphony


Desde que la Orquesta Sinfónica Nacional nació en 2004, un aspecto en particular ha sido motivo de controversia entre la administración de la orquesta y la crítica musical: la decisión de tener una dirección artística dividida en tres directores. Luis Biava, Alejandro Posada y Eduardo Carrizosa han sido desde 2004 los directores de la orquesta sin que sea claro dónde empiezan y terminan las responsabilidades de cada uno.

En varias columnas pasadas me he referido a lo inconveniente que es esto para una orquesta, especialmente para una joven orquesta como la Sinfónica. Este tema lo he tocado varias veces con gente que trabaja o ha trabajado con la Sinfónica y, por lo general, su respuesta ha sido que si la Sinfónica de Pittsburgh había decidido hacerlo, por qué ellos no. A esto yo siempre respondí que muy distinto era experimentar cuando uno tenía más de cien años de historia, era la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh y acababa de tener una larga etapa con Mariss Jansons como director.

Bueno, la excusa de que Pittsburgh lo hace ha llegado a su fin. El pasado 23 de enero la Sinfónica de Pittsburgh anunció que ha nombrado a Manfred Honeck como director artístico, en reemplazo de Sir Andrew Davis, Yan Pascal Tortelier y Marek Janowski, quienes se habían desempeñado como directores desde 2004. Según dice la orquesta, en varios artículos y entrevistas, el experimento no fue un fracaso y aprendieron de él pero se han dado cuenta de que realmente necesitan un liderazgo ejercido desde una sola persona, un personaje que concentre la autoridad y el entusiasmo que pueden llevar a la orquesta a alcanzar su potencial artístico.

Creo que ya es hora de que la Sinfónica revise su esquema de gobierno artístico y que evalúe cuál ha sido el resultado de tener a tres directores a cargo de la orquesta. Desde la barrera, de ninguno de los tres se nota ni el compromiso ni la angustia que uno espera ver en un director de una orquesta. El viernes pasado unos conocidos míos fueron a escuchar a la orquesta en el Teatro Colsubsidio; se salieron en el intermedio. Sin ser autoridades musicales ni mucho menos, su comentario fue que la orquesta les había parecido “floja” e “insulsa”. Creo que la acústica del teatro colabora mucho en la creación de esa impresión, pero el poco desarrollado sonido de la orquesta seguramente es el eje central de esa impresión.

El experimento en Pittsburgh ya no sigue. ¿Hasta cuando seguirá en Bogotá?